Todos somos actores Porno

Por: María Andrea Ganoza

Todos somos actores Porno

En los años 90, científicos de la universidad de Parma en Italia, se dedicaban a observar el sistema motor de un pequeño mono. Una casualidad los llevó a realizar uno de los mayores descubrimientos de la psicología y neurociencia: Las neuronas espejo.

Todo comenzó así: Un científico empezó a comer maní delante del sujeto de estudio y las áreas pertenecientes a la mano del mono, se activaron ¡a pesar de que él sólo estaba observando la acción!

Este hecho intrigó a los científicos quienes empezaron a indagar qué clase de sistema neuronal era aquel que funcionaba con sólo observar o escuchar una acción deseada.

Después de numerosos estudios realizados a nivel mundial, se empezó a sospechar que aquella función social que pensábamos adquirida y luchábamos por inculcar en los niños desde pequeños, es en realidad una respuesta natural del cerebro humano.

“La empatía reposa sobre el sistema de neuronas espejo y así como ella, muchas otras funciones más”.

Todos somos actores porno: O mejor dicho, todos los que alguna vez hemos disfrutado una escena erótica o una pornográfica (sin ver toda la película necesariamente), somos actores porno.

Si miramos dentro del cerebro de una persona que observa una película porno, encontramos que las áreas visuales no están tan activas como las relacionadas a los actos mismos, es decir, reproducimos la escena pornográfica en nuestro cerebro como si nosotros mismos estuviéramos en plena acción con aquella rubia voluptuosa o aquel moreno bien dotado.

 Las películas porno no nos excitan por su contenido, sino porque empezamos a activar las áreas cerebrales implicadas en la escena.

Desórdenes de la vida diaria

¿Quién no tiene un familiar o un amigo que habla y habla a pesar de que nuestra expresión pide a gritos que se calle? Los músculos de nuestro rostro están programados para moverse involuntariamente y evidenciar ciertos estados de ánimo o expresiones que a veces queremos ocultar. Muchas de ellas sirven como feedback en una conversación para que nuestro interlocutor utilice sus neuronas espejo y sepa si debe callarse, cambiar su historia o seguir contándola. En ciertas personas, una parte cerebral les dice que “tienen que contártelo todo”. Esto también se puede observar en patologías como la esquizofrenia y algunos traumatismos craneoencefálicos con compromiso frontal, en los que el discurso es tangencial y desordenado.

¿Y por qué son útiles estas neuronas?

Más allá de ayudarnos a ser más empáticos y aprender, el descubrimiento de las neuronas espejo ha beneficiado y redefinido la rehabilitación neurológica.

Ante este descubrimiento ya no hace falta levantar al paciente y oír sus gritos para que mueva su mano o su pierna paralizada. Ahora basta con mostrarle vídeos en los que agradables personas corren y mueven sus extremidades libremente y esperar a que sean de su simpatía (eso sí: los personajes con quienes empatizamos deben agradarnos, parecernos atractivos o hacernos sentir identificados con ellos de una u otra manera).

El cerebro cada vez sorprende más. Ahora las investigaciones siguen en marcha para poder descubrir qué otras funciones  que creemos sociales, culturales o familiares son en realidad, respuestas neuronales.  A estos interesantes descubrimientos dedicaré el próximo artículo.

Yacila Isabela Deza Araujo
Master en Neuropsicología por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en rehabilitación de memoria, atención y lenguaje.

ARTÍCULOS RELACIONADOS: Lo que no te dijeron de la alegría sintética

 

 

 

¿Disfrutaste del artículo? ¡Compártelo!

Calificación:

Deixe um comentário

Be the First to Comment!

avatar
  Subscribe  
Notify of